INSEGURIDAD EN LOS INMOBILIARIOS, UNA TENDENCIA ACTUAL
Filed under: Uncategorized on Friday, January 4th, 2008 by Robert | No CommentsHace poco estuve paseando por las calles de Barcelona y reparé en la belleza de algunos inmobiliarios, bueno, en verdad debo decir que reparé en la belleza de sus fachadas pues evidentemente no podía tocar la puerta de buenas a primeras y presentarme como un perfecto extraño antes de ingresar. Hoy en día, nadie en su sano juicio me haría pasar ni aunque dijera que soy decorador de profesión y quería ver los acabados de la sala o de la cocina. En efecto, los tiempos han cambiado y ya las cosas no son como antes, hay que andarse con cuidado y tener siempre en mente que alguien nos quiere sorprender. Es una lástima tener que decir estas cosas pero la situación actual se ha planteado de ese modo. Nadie puede negar que la inseguridad en las calles es terrible y muestra de esto es un detalle que seguramente muchos de ustedes no se han percatado aun. Me refiero a que, actualmente, casi todos los inmobiliarios presentan rejas o barrotes de acero en sus ventanas y puertas. Por ejemplo, cada cierto tiempo, trató de caminar por lugares que solí visitar de niño y hasta ahora, no he encontrado ni un solo inmueble que haya permanecido intacto, tal como lo deje hace 20 años atrás o más. No digo que la fachada deba estar con la misma pintura de aquella época o que las flores del jardín exterior deban ser las mismas, simplemente me refiero a que la estructura ha cambiado en términos de seguridad. Ahora puedes ver la misma fachada pero con una reja que te cierra el paso. En los ochenta, la figura no era así. Los autos estaban aparcados fuera de la casa, muchas veces en la vereda y recuerdo a la perfección que en ocasiones incluso dejaban las ventanas abiertas y la radio encendida. En aquel tiempo sonaban Michael Jackson y Madonna y recuerdo que me detenía a escuchar la radio de los autos que dejaban la radio encendida. En este tiempo, es impensable que algo similar o siquiera parecido ocurra. Es más, no recuerdo el sonido de las alarmas eléctricas que se escuchan ahora por doquier y que son tan sensibles que cuando pasa un camión por la pista, se activan haciendo un ruido infernal.
Y junto con sus inmuebles y autos, la gente misma también ha cambiado. Difícilmente te saludan por la calle, ni siquiera son capaces de sostener la mirada. Qué diferencia cuando viaje a Japón, ahí cunde la cultura del honor y todos saludan con ceremonial respeto y no porque sea extranjero pues he visto que entre ellos reina el mismo rito. En efecto, el saludo es un acto totalmente consciente y sugerido, no como aquí que es prácticamente por inercia y compromiso y sin siquiera mirar a los ojos. Y recolecto todos estos pensamientos porque estuve haciendo el seguimiento a propósito del juicio al ex presidente peruano Alberto Fujimori por los delitos de violación a los derechos humanos. Y ustedes se preguntarán que además de la relación con el Japón, cuál es la relación con la inseguridad de los inmobiliarios. Pues bien, estaba recordando el caso de conocido en la historia del Perú como la Masacre de Barrios Altos en que más de una decena de personas fueron asesinadas al interior de un inmueble. Pero quisiera compartir con ustedes este caso para que tengan un panorama completo del asunto que me motivo hacer este artículo.
Debo empezar diciendo que los hechos tuvieron lugar en la década del noventa mientras Fujimori cumplía su mandato presidencial. En aquel tiempo, el terrorismo en el Perú había alcanzado cotas de violencia altísimas, Sendero Luminoso había trasladado su cuartel general a la capital del país y los objetivos civiles eran ahora de su preferencia. Incluso uno de los canales de televisión de ese país sufrió un demencial atentado con más de media tonelada de explosivos colocados en un camión. Otro atentado siniestro fue el que se perpetró contra el distrito de Miraflores, un distrito que representa la clase pudiente de la capital. En aquel atentado, la calle Tarata prácticamente desapareció del plano de calles luego de que un camión con casi media tonelada de explosivos hiciera explosión frente a la fachada de uno de los lujosos edificios de esa calle. Pero el terrorismo, además de atentar contra las personas, hizo que el propio gobierno cayera en el lenguaje del exceso. En efecto, por aquellos años se formó un grupo paramilitar que actuaba al margen de la ley y con la total anuencia del gobierno de turno. Digamos que eran los encargados de desaparecer el terrorismo prescindiendo de los mecanismos de un estado de derecho. Fue así que en una noche de terror, todo quedó ultimado para efectuar una operación antiterrorista en la urbanización conocida como Barrios Altos. Esta localidad pertenece al centro mismo de la capital y es una de las más antiguas, y digna representante de las clases más populares del Perú. En ese sentido, para nadie era un misterio que los terroristas se confundían entre la población menos pudiente y Barrios Altos era una de las localidades donde más de un militante de Sendero Luminoso tenía familia.
Este grupo militar, llamado el grupo Colina, tuvo conocimiento que algunos elementos subversivos tendrían una reunión en uno de los viejos solares de este distrito. Las casas de este barrio están agrupadas en solares que vienen a ser una especie de quintas donde residen muchas familias, en condiciones bastante pobres. Para que se hagan una idea, a estas agrupaciones vecinales, se les conoce con el nombre de “callejón de un sólo caño”. En efecto, allí más de una decena de familias, sumando un total de cincuenta personas aproximadamente, deben compartir un solo caño, mismo en el cual deben lavar su ropa, recolectar agua para darse una ducha y recoger agua para su consumo personal. Ahora que tiene la imagen mental de la zona, traslademos el escenario a una noche. Evidentemente el escenario de un barrio pobre debe presentar una pobre iluminación, más si nos referimos a un país entonces tercer mundista y golpeado por el terrorismo y la hiperinflación de aquellos años. Al ser un barrio popular y tratarse de un fin de semana, hay más de una reunión, ya que aquí también se cumple la curiosa ley de que los más pobres, más celebran y no dudan en reunirse los fines de semana por uno u otro motivo. Fue así que el grupo Colina, llegó hasta este barrio marginal y desplegó su operativo. Muchos testigos afirman que vieron llegar hasta cuatro porta tropas de donde descendieron varios soldados, encapuchados y armados hasta los dientes. Los efectivos del mortal escuadrón, tomaron posiciones y esperaron la orden de su superior para dar inicio a la operación. Había mucha ansiedad. Se dio la orden y sigilosamente empezaron a tomar posiciones de avanzada, ingresaron al solar pero algo salió mal. Aquí las versiones de los testigos empiezan a diferir. El hecho es que los disparos comenzaron y las ráfagas de los fusiles dejaban sentir sus impactos en paredes, puertas y ventanas de la casa donde se llevaba a cabo la reunión.
El hecho no pasó desapercibido para la prensa que al día siguiente recogió el hecho mostrando un escenario lleno de sangre y terror. Decenas de cuerpos yacían sobre el piso, inertes, incluso había niños entre las mortales víctimas de la incursión antiterrorista. Al tiempo, se supo que ninguno de los aniquilados era terrorista, al menos nada se pudo comprobar al respecto. Luego se dijo que había sido un error den el operativo. Por su parte el gobierno, no reconocía al grupo Colina como su brazo armado y condenaba el hecho aduciendo que se encontrarían a los responsables para que recibieran justa sentencia. El tiempo pasaba y los familiares de las víctimas no encontraban consuelo. Incluso cayeron varios integrantes del grupo Colina pero en otro de sus desaciertos, el presidente Fujimori los amnistió ante la indignación de la opinión pública. Ya para fines de los años noventa, era más que vidente la corrupción que corroía a Fujimori y compañía. Luego pasó lo que todos conocemos y el ex presidente peruano huyó del país con una treta. Ahora que ha sido capturado y extraditado a Lima, se le está haciendo el juicio por la Masacre de Barrios Altos entre otros crímenes que se le imputan.